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Sillas que hicieron historia

LC7, un sillón giratorio diseñado por Charlotte Perriand en 1927

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Diseñado por Charlotte Perriand en 1927 para su apartamento en place Saint-Sulpice, París, este pequeño sillón se expuso por primera vez en el Salon des Artistes Décorateurs de 1928, en la Salle à Manger 28 y, posteriormente, en 1929, en el Salon d’Automne, integrado en la colección codiseñada por Le Corbusier, Pierre Jeanneret y Charlotte Perriand.

Fabricado actualmente por Cassina, el LC7 es un pequeño sillón giratorio con estructura de acero cromado con cromo trivalente (CR3) o esmaltado en color gris, azul claro, verde, marrón, barro y marfil o negro.

Está disponible en dos versiones: con 4 o 5 patas. Cojín del respaldo y del asiento mullido con espuma de poliuretano, sin CFCs, y guata de poliéster. Tapicería en piel o tejido. Para este modelo se encuentra disponible también una versión de exterior.

Charlotte Perriand

Charlotte Perriand se unió al movimiento cultural de las vanguardias que, desde las primeras décadas del siglo XX, aportó un profundo cambio en los valores estéticos y creó una sensibilidad realmente moderna frente a la vida diaria. En este contexto, su contribución específica se centra en la estructuración del interiorismo, concebido como creación de una nueva forma de vida, y todavía hoy en día corazón del estilo de vida contemporáneo.

En el marco de la historia del mobiliario del siglo XX, la llegada de la modernidad hizo posible la audacia emprendedora de esta auténtica reformadora del diseño de interiores. Al principio de su carrera profesional, fue aclamada por los críticos por su Bar bajo el techo, expuesto en el Salon d’Automne en 1927 y construido totalmente en cobre niquelado y aluminio anodizado. En ese mismo año, cuando solo tenía veinticuatro años, comenzó su colaboración, de una década, con Le Corbusier y Pierre Jeanneret, en el famoso estudio de diseño situado en el 35 de rue de Sèvres, París.

Su presencia en el estudio de Le Corbusier se refleja en todo el mobiliario diseñado con él y con Pierre Jeanneret: de este modo Charlotte Perriand se convierte en un hito del proyecto de reforma promovido por el arquitecto, añadiendo un característico toque de humanidad al, a menudo frío, racionalismo de Le Corbusier. En sus creaciones, consigue animar la sustancia fundamental de la vida diaria con nuevos valores estéticos: en particular, su talento e intuición se manifiestan en su máximo esplendor a la hora de descubrir y utilizar nuevos materiales.

Su colaboración de diez años con Le Corbusier y Pierre Jeanneret y su experiencia japonesa representan periodos de intensa efervescencia creativa en la vida de la artista. Durante su larga estancia en Extremo Oriente (del 40 al 46), se revela su talento artístico en su máxima expresión, a través de la reinterpretación de la realidad de la vida como reflejo tanto de la tradición como de la modernidad. A modo de ejemplo, merece una mención especial el mobiliario producido con técnicas de elaboración del bambú tradicionales, capaces de realzar las formas ya experimentadas utilizando tubos de acero.

Fuente: Cassina.

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